
Esta no es una mera pregunta hipotética, ya que la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos inició este mes lo que podría ser el primer paso en un camino hacia la plena automatización de los aviones en su terrotorio.
La FAA encargó a la filial de Boeing, Insitu y a la Guardia Nacional Aérea comenzar a investigar maneras para que las aeronaves civiles compartan su espacio aéreo controladas como los vehículos aéreos sin tripulación (UAVs). En el Reino Unido, un programa de investigación llamado Astraea 2, dirigido por BAE Systems y EADS de Airbus, sigue adelante objetivos similares.
El objetivo en ambos lados del Atlántico es permitir a los vehículos aéreos no tripulados compartir el espacio aéreo civil, en lugar de limpiar una sección del espacio aéreo para todos los vuelos tripulados, como sucede ahora. Si bien esta segregación del cielo ha impedido las colisiones, la organización de espacio para cada vuelo es lento y limita las posibles aplicaciones de los vehículos aéreos no tripulados.
Si se han de compartir el espacio aéreo civil, los aviones sin tripulación tendrán que ser capaz de sentir la presencia de otra aeronave y tomar una acción evasiva. Los controladores aéreos también necesitan formas robustas para manejar rebaños de UAVs.
¿Por qué contemplar la apertura del cielo para los UAVs? Por un lado, podrían proporcionar un impulso relativamente barato a los esfuerzos de monitoreo de la frontera, dice Lambert-dopping Hepenstal, uno de los jefes de Astraea 2. Por el momento, incluso en un país del tamaño de los EE.UU., no hay suficiente espacio aéreo segregado para apoyar este tipo de vigilancia.
Pero el asunto no termina ahí, una vez que los UAVs puedan evitar aviones de pasajeros, es probable que aviones de carga dirigidos por control remoto vuelen por los cielos norteamericanos, empujados por cuestiones económicas. “Las aerolíneas de carga tienen muchas ganas de perder a sus pilotos. El dinero que se ahorrarían en sueldos y beneficios, incluida la jubilación y los costes sanitarios, es bastante sorprendente”, dice María Cummings, ex piloto de combate que ahora investiga la manera de automatizar sistemas de aviación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
De hecho, algunos vehículos aéreos no tripulados ya son grandes, con capacidad bestiales de carga, por ejemplo la mayor variante de Northrop Grumman Global Hawk tiene una envergadura de 38 metros de altura, similar a la del veterano de la industria de la aviación, el Boeing 737.
Los aviones de pasajeros actuales usan un sistema cooperativo llamado sistema de alerta de tráfico y anticolisión (TCAS), en el que los transmisores de radio en cada avión anuncian su posición, altura y dirección. El sistema construye una imagen de lo que está en el espacio aéreo de un avión y calcula los riesgos de colisión. Si se detecta un riesgo, una voz sintetizada dice a la tripulación que cambie su altitud para evitar el choque.
Aunque los sensores infrarrojos y cámaras deben detectar un avión en el cielo abierto, pueden perderse en las nubes. Ahí es cuando el radar de ondas milimétricas, que fácilmente atraviesa la niebla, se hace cargo.
El uso de varios métodos de detección de colisiones es claramente el enfoque más segurop, pero lo que ocurre en circunstancias impredecibles? La creatividad humana puede evitar problemas graves que nunca se han producido antes. Y aunque haya un piloto remoto, ¿qué sucede si la conexión inalámbrica para el piloto se pierde?
{lang: 'es-419'}